Jesús, ante la acusación de blasfemia, recurre a las Escrituras y confronta a quienes lo juzgaban diciendo: '¿No está escrito en vuestra Ley: "Yo dije: sois dioses"?' (Juan 10:34). Con este gesto no solo se defiende, sino que enseña la importancia de interpretar las Escrituras con cuidado y reverencia; usa la propia tradición judía para mostrar que los términos y las funciones religiosas requieren atención al contexto y a la intención divina presentada en las Escrituras.
La expresión citada remite al uso de Elohim en contextos humanos (como en el Salmo 82), donde los magistrados son llamados, por un lado, 'dioses' en su función de administradores de la justicia y, por otro, responsabilizados igualmente por no actuar conforme a la verdad de Dios. Jesús presiona esta tensión para afirmar dos verdades: la unicidad y singularidad de Dios y la realidad de la autoridad delegada a seres humanos creados a su imagen. Él, sin embargo, es más que ese delegado; al reivindicar la Escritura, revela que su relación con el Padre y su misión muestran plenamente la gloria divina de manera única e insustituible.
Pastoralmente, esto nos desafía a reconocer la dignidad y el llamado que tenemos como pueblo de Dios sin confundir vocación con divinidad; somos mayordomos de la autoridad de Cristo para proclamar justicia, defender a los oprimidos y representar la misericordia del Padre. Al mismo tiempo, la respuesta de Jesús nos recuerda la responsabilidad: cuando fallamos en ejercer justicia y compasión, somos juzgados por aquello que la Escritura exige. Por lo tanto, estudiar la Palabra con humildad, someter las interpretaciones a la persona de Cristo y obedecer sus instrucciones transforma nuestra autoridad en servicio santo, evitando el orgullo y la autoexaltación.
Que esta palabra le anime a escuchar la Escritura con los oídos de Cristo, a aceptar su vocación de representante del Reino y a depender del Espíritu para ejercerla con amor y verdad; camine confiado sabiendo que el Señor mismo defiende su causa cuando andamos en fidelidad — levántese y gobierne con justicia y humildad, sirviendo con coraje y esperanza.