En Hechos 10:37-38, se nos recuerda el profundo impacto del ministerio de Jesús: “Ustedes saben lo que sucedió en toda Judea, comenzando desde Galilea después del bautismo que anunció Juan: respecto a Jesús de Nazaret, que Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder. Anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él.” Este pasaje encapsula la esencia de la misión de Cristo y el empoderamiento divino que le permitió traer esperanza y sanidad al mundo. Al reflexionar sobre esta escritura, reconozcamos que así como Jesús fue ungido para Su propósito, también nosotros estamos llamados y equipados para la obra que Él ha puesto ante nosotros.
El contexto de este pasaje ocurre en un momento en que Pedro comparte el evangelio con Cornelio y su familia, significando la ruptura de barreras y la expansión de la gracia de Dios más allá de los israelitas hacia los gentiles. Esto nos recuerda que el amor y el poder de Dios no están confinados a ningún grupo en particular, sino que están destinados a alcanzar cada rincón de la humanidad. Además, destaca la importancia de ser instrumentos de Su bondad en las vidas de los demás. Cuando abrazamos nuestra unción a través del Espíritu Santo, también podemos llevar sanidad y esperanza a quienes nos rodean.
Al comenzar nuestro día, piensa en cómo puedes encarnar la bondad de Jesús en tus acciones e interacciones. Tal vez sea a través de una palabra amable, un oído atento o incluso un simple acto de servicio. Dios está contigo, así como lo estuvo con Jesús, y te empodera para hacer la diferencia. Recuerda, el Espíritu Santo habita en ti, equipándote para hacer el bien y elevar a aquellos que están agobiados y en desesperación. Tus acciones, sin importar cuán pequeñas sean, pueden tener un impacto mayor.
A medida que avances en tu día, inclínate hacia la verdad de que Dios está contigo y que eres una extensión de Su amor y gracia. Que el Espíritu te anime a buscar oportunidades para compartir bondad y a participar activamente en llevar sanidad a tu comunidad. Abraza este día con fe y valentía, sabiendo que llevas la luz de Cristo dentro de ti. ¡Te deseo un día bendecido y lleno de propósito!