En Juan 10:27, Jesús nos asegura: "Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen." Esto nos presenta un recordatorio reconfortante de nuestra relación con el Señor. Como Sus ovejas en Su poderoso redil, no somos solo entidades sin rostro y sin nombre perdidas en la multitud. En cambio, Él conoce a cada uno de nosotros íntimamente, y nosotros lo conocemos, reconociendo el sonido de Su voz llamándonos.
Cada día presenta una cacofonía de ruidos y voces, cada una tratando de distraernos, desviarnos o ahogar el sonido de nuestro Pastor. Pero Sus ovejas, nosotros, somos diferentes. En medio del ruido, podemos discernir Su voz. Debemos encontrar consuelo en la verdad de que la voz de Dios no es una de confusión o desesperación, sino más bien una que nos guía hacia la tranquilidad, la comprensión y el amor.
Recuerda esto: cuanto más escuchamos Su voz, más familiarizados nos volvemos con su tono y mensaje. Pasar tiempo en oración, en Su palabra y en compañerismo con otros creyentes, hace que sea más fácil ignorar los elementos disruptivos y concentrarnos en Su guía. La voz de Jesús nos guía, nos conforta y nos asegura. Hagamos nuestra prioridad escuchar y seguir Su guía.
Es tan sorprendente cómo nuestro Salvador entrelaza inteligentemente el conocimiento de nosotros y nuestro seguimiento de Él. Esto subraya cómo nuestra respuesta a Su voz es una prueba de nuestra pertenencia a Él. Al comenzar este día, sintonizemos nuestros corazones para escuchar con atención Su voz. Como Sus ovejas, sigámoslo, confiemos y estemos seguros, permaneciendo en el amor y la protección de nuestro Buen Pastor. Que Su voz sea la más fuerte en tu vida hoy.