Génesis 1:5

"Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día."

Introducción
En Génesis 1:5 se narra un momento breve pero cargado de significado: Dios distingue la luz de las tinieblas, les da nombre —día y noche— y establece el ritmo de un día: «Y fue la tarde y fue la mañana: un día». En ese gesto inicial de creación se insinúa la autoridad divina sobre el cosmos y el inicio de un orden temporal que marcará la vida humana.

Contexto histórico-cultural y autoría
El relato pertenece al primer capítulo de Génesis, que según la tradición judía y cristiana ha sido atribuido a Moisés. La crítica moderna, basada en el análisis de estilo, vocabulario y teología, suele asignar Génesis 1:1–2:4a al llamado bloque sacerdotal (tradición P), probablemente compuesto o editado en contexto exílico o postexílico (siglos VI–V a. C.).
En el hebreo original aparecen términos clave: 'Elohim' para Dios, 'or' (אור) para luz, y la frase litúrgica y·he·i ‑'erev wa·ye·hi boqer' (וַיְהִי־עֶרֶב וַיְהִי־בֹקֶר) traducida por «fue la tarde y fue la mañana», que es una fórmula repetida en cada día de la creación. La palabra utilizada para llamar o nombrar es qara (קָרָא), con la implicación de ejercer dominio o establecer identidad. Las versiones antiguas como la Septuaginta (griego) y la Vulgata (latín) reflejan estas ideas y han influido en la lectura religiosa a lo largo de la historia.
En el contexto del antiguo Cercano Oriente hay paralelos literarios que describen ordenación del cosmos frente al caos, como el Enuma Elish mesopotámico; sin embargo, Génesis aporta una perspectiva teológica propia: Dios crea por palabra y nombra la realidad, subrayando un monoteísmo que distingue este relato de otros mitos circundantes sin reproducirlos literalmente.

Personajes y lugares
El personaje principal es Dios, aquí referido por el término hebreo Elohim, que actúa como creador soberano. No se mencionan lugares geográficos concretos en este versículo; las realidades citadas son cosmológicas: la luz y las tinieblas, transformadas en día y noche mediante la acción divina. El verbo «llamar» indica que al nombrar, Dios instituye orden y función, más que simplemente etiquetar lo ya existente.

Explicación y significado del texto
Exegéticamente, el versículo articula tres ideas: la distinción entre luz y tinieblas, la autoridad de Dios al nombrar esa distinción, y la instauración de un marco temporal definido como día. El hecho de que la luz sea llamada día antes de que se introduzcan cuerpos celestes (sol y luna aparecen en Génesis 1:14–19) ha llevado a interpretar la 'luz' como un don divino primordial más que como luz solar, enfatizando la suficiencia y prioridad de la acción creadora de Dios.
La fórmula «fue la tarde y fue la mañana» nos presenta la noción bíblica de día comenzando en la tarde, que explica la tradición judía de iniciar el día al atardecer. El término hebreo yom, aquí traducido como día, tiene usos flexibles en el Antiguo Testamento, pero en este contexto funciona como unidad temporal literal que organiza la narrativa de la creación. Nombrar el día y la noche también comunica la idea de que el mundo está ordenado y es interdependiente: luz y oscuridad, trabajo y descanso, actividad y reposo forman un ritmo creado por Dios.
Teológicamente, el versículo subraya la soberanía divina sobre la realidad y el establecimiento de un orden bueno. También abre lecturas simbólicas: la luz como imagen de la presencia, la verdad y la vida; las tinieblas como símbolo de desorden o ausencia de esa presencia. Sin exagerar, estas imágenes alimentan la espiritualidad bíblica que contrasta orientación y desorientación, claridad y confusión.

Devocional
Dios que nombra trae orden donde hay confusión. Este versículo invita a confiar en la palabra creadora que separa lo que es para dar función y sentido: incluso en los momentos oscuros, la luz existe por la acción divina y el tiempo tiene un ritmo estable. Podemos acoger la seguridad de que no estamos en un mundo sin sentido, sino en una creación gobernada por quien conoce y nombra cada cosa.
Que el ritmo de tarde y mañana nos recuerde la necesidad de alternar actividad y descanso, labor y contemplación. En la vida cotidiana, aceptar el ritmo dado por Dios ayuda a vivir con paz: hay un tiempo para esfuerzo y un tiempo para renovar fuerzas bajo la luz que Él pone en nuestra historia.