“Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis.”
Introducción
En Juan 12:8 Jesús dice: Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis. Es una respuesta breve, pero cargada de significado, en el contexto de la unción que María de Betania hizo sobre Jesús. El versículo confronta la tensión entre la atención a las necesidades permanentes de los pobres y la oportunidad única de honrar a Cristo en su presencia antes de la pasión.
Contexto histórico-cultural y autoría
El Evangelio de Juan, tradicionalmente atribuido al apóstol Juan o a la comunidad joánica, fue compuesto a finales del siglo I. Juan presenta los hechos de la vida de Jesús con un marcado propósito teológico: revelar su identidad como Hijo de Dios y preparar a los oyentes para comprender la cruz y la resurrección. El pasaje inmediato ocurre en Betania, pocos días antes de la Pasión, cuando María unge a Jesús con un perfume caro, un gesto que en la cultura judía podía expresar hospitalidad, respeto o preparación para el entierro. La observación de Jesús refleja también una realidad económica del mundo antiguo: la pobreza estructural y la presencia constante de necesitados, un tema conocido en la Ley y los profetas.
Personajes y lugares
Jesús: el centro del pasaje, quien recibe la unción y habla con autoridad pastoral y teológica.
María de Betania: la mujer que unge a Jesús con perfume costoso, acto de amor y de preparación simbólica para su sepultura.
Judas Iscariote y otros discípulos: algunos critican el uso caro del perfume, mostrando preocupaciones prácticas o, en el caso de Judas, intereses personales relacionados con el dinero.
Simón el leproso: dueño de la casa en Betania donde tiene lugar el acontecimiento, figura que marca el escenario hospitalario.
Betania: aldea cerca de Jerusalén, lugar de amistad y descanso de Jesús en los días previos a la Semana Santa.
Los pobres: mencionados explícitamente en el versículo como presencia constante en la comunidad.
Explicación y significado del texto
La frase «a los pobres siempre los tendréis con vosotros» recoge una verdad social y legal reconocida en la tradición judía (véase Deuteronomio 15:11): la pobreza será una realidad persistente y exige una respuesta constante de justicia y misericordia. Cuando Jesús añade «pero a mí no siempre me tendréis», desplaza la atención hacia la singularidad de su presencia histórica: se acerca el momento de su entrega, su muerte y su resurrección; la oportunidad de honrarle en persona es limitada.
El gesto de María debe entenderse como adoración práctica: ungir el cuerpo de Jesús anticipa simbólicamente su sepultura y expresa devoción suprema. La respuesta de Jesús no invalida la obligación de cuidar a los pobres, sino que llama a discernir prioridades y reconocer que hay ocasiones en que la manifestación de amor hacia Cristo es también adecuada y necesaria. Además, el pasaje pone de relieve la tensión entre la adoración genuina y la calculadora administración de recursos: la crítica de algunos (y la ulterior denuncia del motivo de Judas) revela cómo las buenas razones pueden enmascarar intereses egoístas.
Teológicamente, Juan usa este episodio para enseñar que adorar a Jesús y servir a los pobres no son mutuamente excluyentes; la verdadera adoración de Cristo transforma la manera en que la comunidad atiende a los necesitados. La temporalidad de la presencia física de Jesús subraya la urgencia del arrepentimiento y de responder al Señor mientras se le puede escuchar y tocar en la comunidad de fe, pero también impulsa a configurar una comunidad solidaria que haga permanente el cuidado de los pobres.
Devocional
Este versículo nos invita a contemplar la prioridad de reconocer a Jesús en el tiempo que se nos da. Que no perdamos las ocasiones de adorarlo, de ofrecerle lo mejor de nuestros dones y de prepararnos para su misterio pascual. Al mismo tiempo, la palabra de Jesús no nos libera de la responsabilidad hacia los pobres; antes bien, nos llama a que nuestra adoración se traduzca en obras de justicia y misericordia.
Ora para que el gesto de María inspire tu vida: que tu amor por Cristo se exprese en generosidad concreta con los necesitados. Practica la reverencia y la entrega personal sin olvidar que el seguimiento de Jesús exige también justicia permanente hacia los pobres. Que ambas posturas —adorar a Cristo y servir a quienes sufren— se nutran mutuamente en tu vida y en la comunidad.