“No tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada.”
Introducción
Lucas 1:7 presenta un dato breve y significativo: «No tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada.» En pocas palabras, el versículo sitúa a Elisabet y a su esposo en una situación que, en términos humanos, parecía definitiva y triste: la esterilidad y la vejez. Ese contexto sencillo prepara el terreno para la obra sorprendente de Dios que revela el evangelio en la historia familiar.
Contexto histórico-cultural y autoría
El Evangelio de Lucas, escrito por Lucas, compañero de Pablo y médico de profesión, dirige su relato a una audiencia amplia (probablemente gentil) interesada en la historia verídica de Jesús y sus antecedentes. En el mundo judío del siglo I, la esterilidad tenía implicaciones sociales y personales profundas: la falta de hijos podía ser fuente de aflicción, estigma o sensación de que la bendición divina faltaba. Además, en las Escrituras hebreas existen precedentes teológicos importantes: figuras como Sara y Ana vivieron experiencias semejantes que anteceden nacimientos milagrosos, lo que sugiere que Lucas está insertando a Elisabet en esa línea de la providencia divina que invierte circunstancias imposibles para manifestar su propósito.
Personajes y lugares
Elisabet: mujer descrita como estéril y de edad avanzada; en el contexto de Lucas, es justa y piadosa, esposa de un sacerdote. Su esterilidad subraya la improbabilidad del nacimiento que se anunciará.
Su marido (Zecharías): sacerdote del servicio del templo, compañero fiel; aunque en este versículo no se menciona su nombre, el texto anterior y posterior lo identifican y muestran a la pareja como comprometida con la obediencia religiosa.
Lugar (contextual): la historia se sitúa en el entorno judío de Judea y en la expectativa vinculada al templo de Jerusalén y a la promesa de Dios a Israel; estos elementos ayudan a entender la relevancia religiosa y social del relato.
Explicación y significado del texto
El versículo destaca dos realidades: la esterilidad de Elisabet y la edad avanzada de la pareja. Juntas, subrayan la imposibilidad humana de engendrar descendencia en esas condiciones, lo que prepara la sorpresa teológica del acontecimiento posterior: el nacimiento de Juan el Bautista por intervención divina. Lucas quiere que el lector perciba que no se trata de una simple restauración biológica, sino de un acto de gracia que encaja en la narrativa bíblica de Dios que toma lo imposible y lo convierte en instrumento de su plan redentor.
Además, la expresión «ambos eran de edad avanzada» sugiere compañerismo y fidelidad mutua en la vida de fe: no estamos solo ante un problema individual, sino ante una pareja que vive la espera. Teológicamente, el pasaje recuerda que la infertilidad no es necesariamente una señal de juicio sino un espacio donde la soberanía de Dios puede manifestarse; historia y teología convergen para presentar a Dios como actor que responde a la oración y cumple promesas en su tiempo.
Devocional
Este versículo nos invita a mirar nuestras propias «imposibilidades» con esperanza reverente. Cuando la vida presenta puertas cerradas —dolores, anhelos no cumplidos, edad o circunstancias que parecen definitivas—, la historia de Elisabet nos recuerda que Dios obra de maneras contrarias a las expectativas humanas y que su gracia puede entrar precisamente donde hay ausencia y espera.
Que esta palabra te anime a sostener la fe en medio de la espera y a confiar más en la fidelidad de Dios que en la lógica humana. Podemos aprender de la paciencia y la vida piadosa de Elisabet: mantener la esperanza, orar con confianza y reconocer que, aunque no comprendamos el tiempo de Dios, él observa y obra para cumplir sus propósitos.