"Como también dice en Oseas: «A LOS QUE NO ERAN MI PUEBLO, LLAMARÉ: “PUEBLO MÍO”, Y A LA QUE NO ERA AMADA: “AMADA Mía”."
Introducción
En Romanos 9:25 Pablo cita a Oseas para subrayar un tema central de su argumentación sobre la elección y la misericordia divina: «A los que no eran mi pueblo, llamaré: ‘Pueblo mío’, y a la que no era amada: ‘Amada mía’». El versículo comunica la inversión de una situación previa: Dios llama a pertenecer y a ser amado a quienes antes estaban excluidos.
Contexto histórico-cultural y autoría
La carta a los Romanos es ampliamente atribuida al apóstol Pablo, escrita hacia mediados-finales de la década del 50 d. C., probablemente desde Corinto, con la intención de presentar su entendimiento teológico sobre la salvación, la justicia de Dios y el lugar de Israel en el plan redentor. Romanos 9 forma parte de un bloque (cap. 9–11) donde Pablo trata con intensidad la cuestión de la elección, la fidelidad divina y el destino de Israel frente a la llegada de Cristo.
El pasaje citado proviene del libro del profeta Oseas, autor activo en el siglo VIII a. C. en el reino del norte de Israel, que denunció la infidelidad de su pueblo y anunció tanto juicio como futura restauración. Oseas escribió en hebreo; Pablo escribió en griego y con frecuencia cita la tradición griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta), por lo que la forma citada en Romanos puede reflejar esa transmisión. Atención a la numeración: lo que en el hebreo moderno se identifica como Oseas 2:23 aparece en algunas tradiciones (LXX) con distinta numeración — esto es relevante al comparar textos antiguos pero no altera la intención profética original.
Personajes y lugares
- Oseas: profeta del siglo VIII a. C., activo en el reino del norte (Israel), autor del libro que lleva su nombre.
- Pablo: apóstol y autor de Romanos, ministro del siglo I d. C., escribiendo a la comunidad de Roma.
- Israel/norte de Israel: contexto histórico del mensaje profético de Oseas.
- «Los que no eran mi pueblo»: en el contexto paulino se entiende que incluye a los gentiles, es decir, a las naciones no judías que ahora son llamadas a pertenecer al pueblo de Dios.
Explicación y significado del texto
En su contexto original, Oseas denuncia la infidelidad de Israel pero anuncia que Dios, por su voluntad y misericordia, revertirá la condición de exclusión: aquellos que habían sido desvinculados serán reintegrados como «pueblo mío» y «amada». Pablo toma esta afirmación para sustentar dos puntos teológicos: primero, la iniciativa soberana de Dios en llamar y reunir a su pueblo; segundo, la inclusión de los gentiles en ese pueblo como parte del plan redentor, mostrando que la pertenencia no se reduce a linaje étnico sino a la acción divina.
Lingüísticamente, en hebreo la expresión central usa ammi («mi pueblo») y formas del verbo «amar» que subrayan una relación reivindicadora y afectiva. Pablo, citando en griego, ofrece la lectura en la línea del Antiguo Testamento recibido por su comunidad. Teológicamente, este texto conecta con la imagen paulina del olivo (Romanos 11): hay una dinámica de rechazo temporal, remanente y apertura a las naciones, siempre bajo la soberanía y la fidelidad de Dios.
Aplicado al mensaje bíblico mayor, el versículo recuerda que la identidad de «pueblo de Dios» es creada por la palabra y la promesa divina, se fundamenta en la gracia y se cumple en la obra de Cristo. No es mérito humano, sino llamado: por eso Pablo advierte contra la presunción y llama a la humildad, la esperanza y la misión. Además, subraya la consistencia entre la promesa veterotestamentaria y su cumplimiento en la era cristiana: la restauración y la inclusión forman parte del plan redentor manifiesto en Jesús.
Devocional
Si alguna vez te has sentido fuera, no querido o sin lugar, recuerda que la voz de Dios actúa para llamar a quienes no eran su pueblo y decirles «Pueblo mío», «Amada mía». Esa llamada no depende de comportamiento previo sino de la iniciativa misericordiosa de Dios que toma la iniciativa para reparar, reconciliar y acoger.
Que esta verdad te lleve a responder con gratitud y compromiso: vivir como parte del pueblo llamado por Dios implica humildad ante su misericordia y deseo de extender esa bienvenida a otros. Ora para que tu vida refleje la acogida que tú recibiste, y participa en la obra de reconciliación que atrae a muchos hacia el amor del Padre.