“Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”
Introducción
Este pasaje nos muestra una escena íntima de restauración y llamado. Tras la negación de Pedro, Jesús se acerca con paciencia y ofrece una misión clara: cuidar a las ovejas de su rebaño. La pregunta, el encuentro y el encargo revelan la misericordia de Dios y la invitación a vivir el amor en acción, incluso después del fallo.
Contexto histórico-cultural y autoría
El Evangelio de Juan se atribuye tradicionalmente al discípulo a quien Jesús amaba y se considera que fue escrito hacia finales del siglo I para una audiencia judía-cristiana y griega. En este capítulo 21, Jesús se aparece a los discípulos junto al Mar de Galilea y restaura a Pedro en una conversación que tiene un fuerte significado pastoral: la triple pregunta y la respuesta de Pedro se vinculan con la negación previa y culminan en un llamado a servir. Este pasaje muestra la continuidad de la misión de Jesús entre la muerte y la resurrección y enfatiza el cuidado de la grey como tarea de la iglesia.
Personajes y lugares
- Jesús
- Simón Pedro (Pedro)
- Los discípulos presentes
- El Mar de Galilea (Mar de Tiberíades) como escenario
- Las ovejas como imagen del pueblo de Dios
Explicación y significado del texto
La escena presenta tres preguntas de Jesús: ¿Me amas? repetido tres veces. A cada pregunta, Pedro responde con la confianza de que Jesús lo conoce y que su amor es fiel. El primer y segundo encuentro muestran una profundidad de amor, y la tercera repetición culmina en una confesión humilde de amor. El encargo resultante, "Apacienta mis ovejas", no es un premio de reconocimiento sino una misión: guiar, alimentar y cuidar a la comunidad de fe. Este pasaje enseña que el amor por Cristo se demuestra en el servicio a otros y que la gracia de Dios restaura para la misión.
Devocional
Este encuentro nos recuerda que la gracia de Cristo restaura a quien falla. Pedro, que había negado a Jesús, recibe una invitación clara: ¿Me amas? y así vuelve a su vocación de servicio. La respuesta de Pedro, humilde y honesta, abre camino a un encargo concreto: apacienta mis ovejas. Nuestro Dios no borra nuestra tarea, sino que nos llama de nuevo para servir con amor.
Que este pasaje transforme nuestra manera de vivir: cuidemos a la familia de la fe, perdonemos cuando sea necesario y sirvamos a los demás con paciencia y compasión. Que cada uno de nosotros pueda responder al llamado de Cristo en la vida diaria, alimentando con palabras de verdad y con gestos de cuidado. Señor, danos un amor que se traduzca en acción por tu grey. Amén.