"Cayendo de rodillas, clamó en alta voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Habiendo dicho esto, durmió."
Introducción
Este versículo, Hechos 7:60, recoge las últimas palabras del diácono Esteban en medio de su martirio: una oración pública y perdonadora dirigida al Señor seguida de la fórmula bíblica que describe su muerte como un dormir. En pocas líneas se condensa un testimonio cristiano que recuerda a la actitud de Jesús y que ha inspirado la comprensión apostólica del perdón, la entrega y la esperanza en la comunión con Dios en la muerte.
Contexto histórico-cultural y autoría
El libro de los Hechos forma parte de la obra de Lucas (Lucas-Hechos), tradicionalmente atribuida a Lucas el médico, compañero de Pablo; la obra fue escrita originalmente en griego koiné. Muchos manuscritos conservan el texto griego; la frase clave en Hechos 7:60 aparece como: “Καὶ γονυπετήσας ἔκραξεν φωνῇ μεγάλῃ· Κύριε, μὴ ἐπιλογίσῃς αὐτοῖς τὴν ἁμαρτίαν ταύτην· Καὶ ταῦτα εἰπὼν ἐκοιμήθη.” La palabra ἐκοιμήθη («durmió» o «quedó dormido») se emplea en el Nuevo Testamento como eufemismo para la muerte y subraya la esperanza cristiana en la resurrección.
Históricamente, el episodio se sitúa en Jerusalén dentro de las tensiones entre los primeros cristianos —en su mayoría judíos y helenistas— y las autoridades judías representadas en el Sanedrín. El castigo por apedreamiento tiene base en la legislación judía del Segundo Templo y en la práctica social del primer siglo, y Lucas lo narra como parte del surgimiento de la comunidad cristiana primitiva tras Pentecostés.
Personajes y lugares
Esteban: diácono mencionado en Hechos 6–7, destacado por su testimonio, su sabiduría y su fidelidad hasta la muerte. En el contexto inmediato del versículo, él es quien ora y muere.
El “Señor” (Κύριε): en el contexto de Hechos 7, puede entenderse como dirección a Dios y, de modo coherente con v. 55 (donde Esteban ve la gloria de Dios y a Jesús a la diestra), como una invocación a Cristo Señor.
Los perseguidos/asesinos: «les» alude a quienes lo apedrearon —miembros del concilio y una multitud furiosa— responsables directos del acto.
Lugar: Jerusalén, y según Hechos 7:58, fue sacado fuera de la ciudad y apedreado fuera de sus murallas, conforme a prácticas jurídicas y sociales del tiempo.
Explicación y significado del texto
«Cayendo de rodillas»: la postura de rodillas manifiesta humildad, súplica y adoración; Esteban no responde con ira sino con reverencia al enfrentar la muerte. «Clamó en alta voz»: su oración es pública y enfática; no se dirige a su propia defensa sino a Dios, en plena vista de sus perseguidores.
«Señor, no les tomes en cuenta este pecado»: la fórmula expresa perdón; el verbo griego empleado (no contar/rekonar) alude a no imputar la falta a quienes lo ejecutan. El pedido recuerda la oración de Jesús en la cruz («Padre, perdónalos…», Lucas 23:34) y revela que la comunidad cristiana temprana comprendía el perdón como central incluso en el sufrimiento extremo. Teológicamente, señala que el juicio queda en manos de Dios y que la misericordia precede a la retribución cuando se confía en el Señor.
«Habiendo dicho esto, durmió»: la expresión es un eufemismo bíblico para la muerte, pero cargado de esperanza pascual: quien «duerme» en el Señor espera la resurrección. En el contexto narrativo, la oración y el «dormir» de Esteban completan su testimonio: su vida y su muerte son una imitación de Cristo y un poderoso signo de la presencia del Espíritu que capacita para perdonar y confesar a Jesús como Señor incluso ante la violencia.
Devocional
La súplica de Esteban nos desafía a considerar la fuerza transformadora del perdón en circunstancias extremas. Cuando el agravio parece merecer represalia, la oración por los que nos hieren revela la fortaleza de alguien sostenido por la gracia de Dios y la confianza en su justicia. Que su ejemplo nos impulse a pedir, con humildad, que el Señor transforme nuestros impulsos de venganza en oraciones por la misericordia.
Recordar que «durmió» no solo informa una muerte física, sino que nos ofrece consuelo: la muerte del creyente se inscribe en una esperanza mayor. En medio de pérdidas o persecuciones, podemos descansar en la promesa de Cristo, imitándolo en el perdón y en la esperanza confiada de que Dios tiene la última palabra.