“Y fue la tarde y fue la mañana: el tercer día.”
Introducción
Génesis 1:13 declara: «Y fue la tarde y fue la mañana: el tercer día.» Es una línea breve pero significativa dentro del relato de la creación, que marca el cierre de la acción divina en el tercer día. Aunque resume, conecta lo surrealmente grande de la obra creadora con un ritmo humano de tiempo: la alternancia de tarde y mañana y la progresión ordinal de los días.
Contexto histórico-cultural y autoría
La sección de Génesis 1 es parte de la gran narrativa de la creación que se encuentra al comienzo del Pentateuco. Tradicionalmente se atribuye a Moisés la compilación de estos textos, aunque la investigación bíblica moderna reconoce una tradición más amplia y compositiva en la antigua Israel. El relato se sitúa en el contexto del antiguo Cercano Oriente, donde existían otras cosmovisiones sobre el origen del mundo; sin embargo, el texto hebreo presenta a un único Dios soberano que ordena el caos mediante palabra y separación.
Lingüísticamente, la fórmula repetida «y fue la tarde y fue la mañana» funciona como dispositivo estructural y litúrgico que organiza la narración en siete días. En la cultura hebrea el día se contaba desde la puesta del sol hasta la puesta del sol siguiente, circunstancia relevante para entender la frase. Además, la palabra hebrea «yom» traducida por «día» tiene un rango de significado que puede abarcar desde una unidad de 24 horas hasta un periodo simbólico de acto creativo.
Explicación y significado del texto
Génesis 1:13 actúa como fórmula de cierre para el tercer día, durante el cual el relato describe la separación de las aguas y la aparición de lo seco, y la creación de la vegetación (vv. 9–13). El versículo no repite los detalles porque su función es marcar el ritmo del relato: cada día tiene inicio, obra creadora y conclusión marcada por «tarde» y «mañana». Teológicamente, esto subraya que el tiempo mismo es parte de la obra de Dios y que Él establece un orden intencional en la creación.
La frase enfatiza también la regularidad y la bondad del mundo creado: el ciclo de la noche y el día testifica un cosmos funcional, no caótico. Al concluir el tercer día, se coloca en el relato un paso más hacia la culminación del plan divino, mostrando cómo Dios actúa en etapas coherentes y progresivas. Para la lectura comunitaria y litúrgica, la estructura de los días sirve para meditar sobre la soberanía de Dios, la dignidad de lo creado y la invitación a reconocer un ritmo sagrado en el tiempo humano.
Devocional
La breve sentencia «Y fue la tarde y fue la mañana» nos recuerda que la creación no es solo un acontecimiento remoto, sino un ritmo con el que Dios invita a nuestra vida: ocaso y amanecer, tiempos de descanso y de comienzo. En los días oscuros o de confusión podemos encontrar consuelo en este patrón divino; cada tarde tiene su mañana prometida, y la obra de Dios sigue desplegándose aun cuando no vemos el panorama entero.
Prácticamente, este versículo nos invita a vivir con esperanza y orden espiritual: marcar el día con gratitud, reconocer la mano creadora en lo cotidiano y ser administradores fieles de lo que se nos ha dado. Que cada puesta de sol nos lleve a la oración y cada amanecer nos impulse a responder con servicio, justicia y cuidado hacia la creación, confiando en que el mismo Dios que estableció los días sostiene nuestro caminar.