Romanos 10:6-7

"Pero la justicia que es de la fe, dice así: «NO DIGAS EN TU CORAZÓN: “¿QUIÉN SUBIRÁ AL CIELO?”. Esto es, para hacer bajar a Cristo, o “¿QUIÉN DESCENDERÁ AL ABISMO?”. Esto es, para subir a Cristo de entre los muertos»."

Introducción
En Romanos 10:6-7 Pablo retoma una cita del Deuteronomio para clarificar qué entiende por "la justicia que es de la fe". Con dos preguntas retóricas —«¿Quién subirá al cielo?» y «¿Quién descenderá al abismo?»— Pablo refuta la idea de que la justicia o la salvación dependan de gestos extraordinarios o de una ascensión/descenso humano para traer a Cristo. El propósito es subrayar que la justicia por la fe no exige obras imposibles, sino que se recibe por el creer y confesar, como desarrolla inmediatamente en los versículos siguientes.

Contexto histórico-cultural y autoría
La carta a los Romanos fue escrita originalmente en griego y tradicionalmente atribuida al apóstol Pablo, quien la escribió hacia mediados de la década del 50 d.C., probablemente desde Corinto, con la intención de exponer de modo sistemático el evangelio a una comunidad mixta de judíos y gentiles en Roma. El pasaje cita Deuteronomio 30:12–13; Pablo toma estas preguntas del Antiguo Testamento (probablemente a través de la Septuaginta, la traducción griega del AT) para reconfigurarlas en su argumento sobre la accesibilidad del evangelio.

Los estudios de exégesis paulina contemporáneos (p. ej. trabajos sobre la temática de la justicia y la Ley) sostienen que Pablo dialoga con la tradición judía: no rechaza el valor de la Escritura, sino que reinterpreta su alcance a la luz de Cristo. En el texto original de Deuteronomio en hebreo aparecen fórmulas como "מִי יַעֲלֶה" (¿quién subirá?) y "שְׁאוֹל" (Sheol, lugar de los muertos), mientras que en la carta de Pablo la formulación llega en griego, integrando terminología y conceptos de la tradición hebrea y su interpretación en la comunidad helenística.

Personajes y lugares
Cristo: Aquí se refiere a Jesucristo, la figura central del evangelio de Pablo. La controversia implícita es sobre la posibilidad de traer a Cristo desde donde está (el cielo) o de volver a subirlo de entre los muertos.

Cielo: En la terminología paulina indica la morada celestial de Cristo exaltado; en el pensamiento judío también puede reflejar la idea de la trascendencia divina desde donde vendría ayuda o revelación.

Abismo/Sheol: El término remite al mundo de los muertos (hebreo: Sheol; en la LXX y en el lenguaje grecorromano aparece como Hades o abismo). Pablo reutiliza estas imágenes para ilustrar posiciones teológicas, no para dar una lección cosmográfica detallada.

Explicación y significado del texto
Pablo usa las preguntas de Deuteronomio como una táctica retórica: si la justicia dependiera de poder ascender al cielo para traer a Cristo o descender al abismo para levantarlo, entonces la salvación sería inaccesible para la mayoría. Con esto demuestra que la justicia "de la fe" no exige tales obras heroicas. La implicación práctica —que Pablo desarrolla en los versículos siguientes— es que el mensaje salvador está "cerca": en la boca y en el corazón, accesible mediante la fe y la confesión.

Teológicamente, este pasaje sitúa a Cristo en su doble realidad: ya ha venido (encarnación y muerte) y ha resucitado/ascendido; por tanto, la salvación no depende de recuperar a un Cristo inaccesible, sino de aceptar por fe lo que Dios ha hecho en Él. Además, al citar Deuteronomio, Pablo recuerda que la Escritura siempre ha planteado la proximidad de la palabra de Dios al corazón del creyente, y que la justicia otorgada por Dios se recibe por fe, no por títulos o gestos rituales imposibles.

Devocional
No necesitas emprender una hazaña imposible para alcanzar la justicia delante de Dios: la fe confesa y el creer en Cristo son el camino que Pablo presenta. Esto libera del peso de la autosuficiencia y nos invita a mirar la gracia de Dios, que hace lo necesario para la redención y nos ofrece su justicia como don.

Acércate en humildad y con confianza: la palabra y la salvación están cerca, en la boca y en el corazón. Que este pasaje te recuerde que la fe práctica —creer y confesar— es la respuesta simple y poderosa que Dios pide para vivir en su justicia y paz.