Mateo 18:21

"Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?"

Introducción
Mateo 18:21 registra la pregunta de Pedro después de la enseñanza de Jesús sobre la vida en comunidad: ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano que peca contra mí? Pedro propone hasta siete veces, una cifra que revela su comprensión y las normas culturales de la época. Este versículo abre la respuesta radical de Jesús acerca del perdón sin límites, con implicaciones éticas y espirituales para la iglesia.

Contexto histórico-cultural y autoría
El evangelio de Mateo, tradicionalmente atribuido al apóstol Mateo, fue escrito para una comunidad judía-cristiana a fines del siglo I. El capítulo 18 aborda la convivencia en la comunidad: humildad, protección de los pequeños y procedimientos para la corrección fraterna (Mt 18:15-20). En el judaísmo rabínico existían debates sobre cuántas veces perdonar; algunas tradiciones sugerían hasta tres. La propuesta de Pedro de perdonar hasta siete veces podía entenderse como generosa frente a la norma, pero Jesús responde ampliando la exigencia moral a una práctica de perdón continua, subrayando la prioridad de la reconciliación para la salud del pueblo de Dios.

Personajes y lugares
Pedro: discípulo cercano a Jesús y portavoz ocasional del grupo, que plantea la inquietud práctica sobre la reparación de ofensas recurrentes.
Jesús (Señor): maestro y autoridad que responde con una enseñanza que transforma la comprensión de la ley y la misericordia.
Mi hermano: término que designa a otro miembro de la comunidad de fe, reflejando la responsabilidad mutua entre creyentes en la congregación local.

Explicación y significado del texto
En Mateo 18:21 Pedro pregunta por el límite del perdón frente a ofensas repetidas. La frase pecará mi hermano contra mí se centra en la ofensa interpersonal dentro de la comunidad. Ofrecer perdón hasta siete veces puede interpretarse como un intento generoso de ir más allá de la norma, pero Jesús va más lejos: en el versículo siguiente redefine la medida del perdón como inagotable (cf. Mt 18:22) y enseña mediante la parábola del siervo despiadado (vv. 23-35) que el perdón recibido de Dios exige una práctica continua y radical entre los miembros de la comunidad. El pasaje no ignora la realidad del daño ni la necesidad de límites prudentes; más bien, pone énfasis en la disposición del corazón para restaurar relaciones, la prioridad de la reconciliación sobre la venganza y la conexión entre el perdón humano y la misericordia divina. En la economía del Reino, perdonar repetidamente es un reflejo de la gracia recibida y una condición para la cohesión y la santidad de la iglesia.

Devocional
Perdonar muchas veces nos pide humildad y memoria de nuestra propia necesidad de gracia. Al recordar cuánto hemos sido perdonados por Dios, disminuye la tentación de contabilizar agravios y crece la capacidad de ofrecer reconciliación; este versículo nos invita a cambiar la contabilidad del daño por una práctica constante de misericordia que busca la restauración del hermano y la sanidad de la comunidad.

Practica el perdón en pasos concretos: ora por quien te hirió, expresa tu dolor con verdad y humildad, busca el encuentro para la reconciliación y, cuando sea necesario, establece límites que protejan a los vulnerables. Confía en que perdonar no minimiza la justicia, sino que abre espacio para la sanación y la transformación que solo la gracia de Cristo puede obrar.