“Llegue mi oración a Tu presencia; Inclina Tu oído a mi clamor.”
Introducción
Este pasaje corresponde a un Salmo de lamento, donde el autor expresa una necesidad profunda de escuchar al Señor en medio de la angustia. La oración no es una fórmula de recompensa, sino una comunión honesta: decirle a Dios lo que duele y confiar en su cercanía incluso cuando todo parece oscurecer. En esta breve porción, aprendemos que orar es un acto de fe que continúa incluso cuando no hay respuestas visibles.