"No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación."
Introducción
Este versículo, Levítico 18:22 —"No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación"— forma parte del código de santidad del libro de Levítico. Aparece en una lista de leyes que buscan definir la conducta sexual y social esperada para la comunidad de Israel bajo el pacto con Yahveh. Su redacción directa ha sido históricamente central en debates sobre ética sexual y praxis religiosa.
Contexto histórico-cultural y autoría
Levítico 18 pertenece al llamado «código de santidad» (capítulos 17–26), que establece normas destinadas a mantener la pureza ritual y la integridad familiar dentro de la comunidad israelita. Tradicionalmente, la autoría del Pentateuco —incluido Levítico— se atribuye a Moisés. En estudios críticos se observa que estas normas provienen de tradiciones sacerdotales y legislativas que fueron compiladas y editadas en la fase de la religión israelita relacionada con los sacerdotes y santuarios (tradición levítica/priestly). El hebreo del versículo se conserva en la Biblia masorética: וְאֶת־זָכָר לֹא תִשְׁכַּב מִשְׁכְּבֵי אִשָּׁה תֹּעֵבָה. Literalmente, «y con varón no te acostarás (como) los acostamientos de mujer; abominación». La palabra clave תֹּעֵבָה (to'evah, «abominación») aparece en el AT para señalar prácticas que rompen el orden religioso, social o ritual y a veces están ligadas a prácticas de las naciones vecinas que Israel debía evitar.
Explicación y significado del texto
El mandato prohíbe un acto sexual específico: la relación sexual entre varones presentada aquí por contraste con el acto con una mujer (“como los que se acuestan con mujer”). En su contexto inmediato la prohibición forma parte de una lista que incluye incestos, bestialidad y otras conductas sexuales consideradas contrarias a la santidad y a la preservación de la familia y la pureza ritual. El lenguaje hebreo subraya tanto la acción concreta («no te acostarás») como el juicio religioso («abominación»), insertando la conducta en una categoría que afectaba la identidad y la separación de Israel respecto de prácticas paganas.
Al interpretar este texto conviene distinguir niveles: el histórico-legal (ley del pacto para la comunidad israelita), el lingüístico (precisión del hebreo y sentido comparativo) y el ético-teológico (cómo aplica hoy dicha normatividad para creyentes). Las lecturas judías y cristianas han variado: muchas tradiciones mantienen la prohibición como norma moral, otras la reexaminan a la luz de la comprensión contemporánea de la sexualidad y de principios bíblicos más amplios. En cualquier caso, el pasaje debe leerse junto con el resto de la Escritura y con atención a propósito del código de santidad: la llamada a la santidad de un pueblo que vive bajo un pacto y que busca orden comunitario y fidelidad a Dios.
Devocional
Dios llama a su pueblo a vivir en santidad, lo cual implica orden moral y fidelidad que protejan la vida comunitaria y familiar. Este versículo nos recuerda que las normas del Antiguo Testamento buscaban preservar la identidad del pueblo en su relación con el Señor. Como creyentes, somos invitados a buscar la voluntad de Dios con reverencia, humildad y compromiso con la verdad bíblica.
Al mismo tiempo, el llamado cristiano incluye el mandamiento de amar al prójimo. En la pastoral y en la vida congregacional debemos sostener la enseñanza bíblica sin caer en la indiferencia, la violencia o la humillación hacia las personas. La fidelidad a la Escritura debe ir acompañada de compasión, diálogo y acompañamiento que reflejen la misericordia de Cristo hacia todos.