“La tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Entonces dijo Dios: «Sea la luz». Y hubo luz. Dios vio que la luz era buena; y Dios separó la luz de las tinieblas. Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día.”
Introducción
Génesis 1:2-5 nos presenta el inicio de la acción creadora: la tierra aparece «sin orden y vacía», las tinieblas cubren el abismo, y el Espíritu de Dios se mueve sobre las aguas. Dios habla: «Sea la luz», y la luz aparece, es declarada buena, y queda separada de las tinieblas. Dios nombra a la luz «día» y a las tinieblas «noche», y se establece el ritmo de tarde y mañana: el primer día.
Contexto histórico-cultural y autoría
Tradicionalmente la Torá se atribuye a Moisés, aunque la investigación bíblica moderna identifica diversas tradiciones y capas editoriales (a menudo llamadas fuentes P, J, entre otras) que confluyen en el relato que conocemos. El texto se sitúa en la antigua literatura del Cercano Oriente, donde existen otros relatos de origen cósmico que hablan de un caos acuoso primigenio; Génesis dialoga con esos contextos reutilizando y reformulando imágenes para presentar un Dios único que ordena el cosmos mediante su palabra. El estilo de Génesis 1 —con repeticiones, fórmulas litúrgicas y una lógica progresiva— apunta a una intención teológica y litúrgica: proclamar a Yahvé como soberano creador y a la creación como buena.
Personajes y lugares
- Dios (Elohim): la voz creadora que habla y determina el ser de las cosas.
- El Espíritu de Dios (ruach): la presencia dinámica que se mueve sobre las aguas; imagen de cuidado, poder vivificante y preparación para la obra creadora.
- La tierra: el espacio creado, inicialmente indefinido («sin orden y vacía»).
- El abismo / las aguas (tehóm): la masa acuosa que representa el caos primordial sobre la cual actúa la presencia divina.
- La luz: aunque no es una persona, aparece como el primer bien creado y principio de orden.
Explicación y significado del texto
Verso 2 describe un estado primordial: «sin orden y vacía» (tohu wabohu) y «tinieblas sobre la superficie del abismo» evocan un cosmos todavía inestable. En medio de ese caos, el «Espíritu de Dios» se mueve —el verbo que puede traducirse como «se mueve», «aletea» o «vigila» sugiere una presencia activa y maternal que prepara para la acción creadora.
Versos 3‑5 introducen la gran técnica teológica de este relato: la creación por la palabra. Cuando Dios dice «Sea la luz», la palabra divina efectúa la realidad; no hay esfuerzo físico que contar sino la eficacia del decir divino (dabar). La luz es valorada: «Dios vio que la luz era buena», lo que establece la bondad intrínseca de la creación desde su inicio. La separación de la luz y las tinieblas no es sólo física sino simbólica: ordenar el tiempo (día/noche), diferenciar y nombrar implica autoridad y estructura. El acto de nombrar («Dios llamó…») subraya el poder de Dios para constituir la realidad; «Y fue la tarde y fue la mañana: un día» introduce el ritmo temporal que conducirá al reposo sabático en la narrativa posterior.
Teológicamente, el pasaje insiste en varias verdades: Dios es soberano sobre el caos, crea por palabra, declara la creación buena y establece el orden temporal. El motivo de la luz como primer efecto tiene resonancias simbólicas (verdad, presencia de Dios, comienzo de la historia salvadora), sin que el texto pretenda ser un informe científico: su propósito es afirmar que el mundo es obra intencional y buena del Creador.
Devocional
Cuando la vida se siente desordenada o cubierta por tinieblas, estas palabras nos recuerdan que no estamos ante un universo absurdo sino frente a un Dios que se acerca a nuestro caos. El Espíritu que «se mueve sobre las aguas» no es distante; su presencia precede a la obra transformadora. Podemos orar pidiendo que la palabra de Dios traiga luz a nuestras situaciones oscuras, confiando en que su voz tiene poder para ordenar, sanar y revelar lo bueno.
La separación de día y noche y la declaración de bondad nos invitan a vivir con esperanza y ritmo. Aceptar que Dios nombra y ordena la realidad es también aceptar nuestro llamado a reconocer aquello que es bueno y a vivir como portadores de la luz: actos de misericordia, testimonio y descanso fiel en el Señor. Que este primer día de la Escritura nos impulse a abrir el corazón a la luz que viene de Dios y a descansar en su orden y cuidado.