“Entonces, cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos.”
Introducción
Este pasaje, situado tras la resurrección, nos sitúa frente a una conversación sencilla pero profunda. En la orilla, después del desayuno, Jesús se dirige a Pedro para confirmar su amor y encomendarle una tarea pastoral: cuidar del rebaño de Dios. A través de este diálogo, la fe se traduce en servicio y la gracia de Dios se manifiesta en la restauración de un discípulo que había fallado.
Contexto histórico-cultural y autoría
El Evangelio según Juan se atribuye tradicionalmente al apóstol Juan y se sitúa en el marco de la comunidad judeo-cristiana del siglo I. Este pasaje ocurre junto al mar de Galilea, en un momento en que la resurrección de Jesús se hace patente y la comunidad se fortalece para la misión. Las imágenes de corderos y pastoreo revelan una ética de liderazgo caracterizada por el cuidado, la guía y la ternura pastoral, más que por el dominio. En la cultura de la época, la tarea de guiar a una comunidad de creyentes era central y requería humildad, servicio y fidelidad.
Personajes y lugares
Personajes: Jesús; Simón Pedro. Lugares: orilla del mar de Galilea, durante un desayuno junto al lago.
Explicación y significado del texto
En este momento, Jesús pregunta a Pedro si lo ama y Pedro responde con afecto y confianza. La pregunta de Jesús y la respuesta de Pedro sitúan la conversación en el marco de una restauración: no se trata de una condena, sino de un llamado a la misión. La orden de apacientar a los corderos expresa la responsabilidad de Pedro de cuidar, guiar y sostener a la comunidad de creyentes, especialmente a los más jóvenes. Este pasaje subraya que la autoridad pastoral nace de la relación con Cristo y se manifiesta en el servicio concreto, con fidelidad y humildad.
Devocional
Para mi vida, este pasaje es un recordatorio de que el amor a Cristo se demuestra en la acción de cuidar a los demás. Si hemos fallado, Jesús no nos rechaza sino que nos restablece y nos envía a servir, confiando en su gracia. Hoy se me llama a mirar a las personas que me rodean como a corderos que requieren guía, paciencia y cercanía, y a responder con humildad y fidelidad al llamado de Dios.
Que cada día, con la ayuda del Espíritu, pueda amar a Jesús de modo práctico y concreto: orar por otros, acompañar a quien está aprendiendo a seguir a Cristo y apoyar a los jóvenes de la fe. Que mi servicio refleje la ternura del Maestro y contribuya a fortalecer la comunidad en su camino hacia Jesús.