“¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres?”
Introducción
Juan 12:5 recoge la pregunta indignada de uno de los discípulos frente al gesto de María al ungir los pies de Jesús con un perfume costoso: «¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres?». El versículo registra una tensión entre el acto de adoración personal y una exigencia ética de ayuda a los necesitados, planteando interrogantes sobre motivos, prioridad y el valor de la devoción.
Contexto histórico-cultural y autoría
El evangelio de Juan fue escrito por el discípulo que tradicionalmente se identifica como Juan, testigo cercano de la vida y ministerio de Jesús. El episodio sucede en Betania, poco antes de la entrada de Jesús en Jerusalén y de su pasión, y forma parte de una serie de relatos que subrayan tanto la identidad mesiánica de Jesús como la respuesta de algunas personas ante él.
En el mundo judío del primer siglo, ungir a una persona con perfume podía expresar honor, hospitalidad o preparación para la sepultura. El término «denario» era una moneda romana que equivalía aproximadamente al salario de un día de trabajo; trescientos denarios representaban, por tanto, una suma notable —varias centenas de jornadas de trabajo—, lo que subraya el alto valor material del perfume.
Personajes y lugares
María de Betania: la mujer que unge a Jesús con un perfume caro, expresión de amor, honor y entrega total.
Jesús: el destinatario de la unción, cuya vida y cercanía provocan actos profundos de adoración y reconocimiento.
Judas Iscariote (y, según el relato, otros discípulos): formula la pregunta sobre la venta del perfume para ayudar a los pobres; su intervención introduce el tema de la motivación y la integridad.
Betania: la aldea cercana a Jerusalén, lugar donde se desarrolla este acto íntimo de devoción en el contexto final del ministerio público de Jesús.
Explicación y significado del texto
La pregunta en Juan 12:5 plantea, en apariencia, una objeción práctica: el perfume podría venderse y el dinero darlo a los pobres. En el contexto del evangelio, la respuesta posterior de Juan aclara que la protesta de Judas no brotó de una misericordia genuina, sino de razones interesadas (Juan 12:6). Así, el pasaje invita a distinguir intención y apariencia: la misma acción puede ocultar motivos muy distintos.
Al mismo tiempo, el versículo pone en tensión dos valores bíblicos legítimos: la adoración sacrificial hacia Cristo y la ayuda a los necesitados. Jesús más adelante matiza esta tensión al decir que «a los pobres los tendréis siempre, pero a mí no siempre» (Juan 12:8), no para minimizar la obra social, sino para reconocer un momento único de consagración que expresa quién es Jesús y su anticipada entrega. Teológicamente, la unción anticipa la muerte y la honra del Señor; pastoralmente, el pasaje exige honestidad en las motivaciones y equilibrio entre culto y justicia social.
Devocional
Este versículo nos invita a examinar el corazón: ¿nuestros gestos de servicio y nuestras ofrendas buscan honrar a Dios o buscan reconocimiento y beneficio propio? María actuó con generosidad y entrega total; otros parafrasearon su gesto en términos utilitarios. Ante esto, somos llamados a cultivar una devoción sincera y desinteresada, que valore tanto la adoración íntima como la compasión práctica, sin reducir la fe a meras cuentas económicas.
Que este pasaje nos lleve a orar por corazones congruentes: que amemos a Cristo con gestos costosos cuando sea necesario, y que también tengamos ojos compasivos para los pobres. Practicar la generosidad verdadera implica discernir motivaciones, priorizar el momento presente de alabanza y mantener un compromiso constante con la justicia y el cuidado de los necesitados.