Marcos 4:9

"Y Él decía: El que tiene oídos para oír, que oiga."

Introducción
Este breve dicho de Jesús —"El que tiene oídos para oír, que oiga" (Marcos 4:9)— aparece inmediatamente después de la parábola del sembrador en el Evangelio de Marcos. Es una llamada sucinta y solemne que cierra una enseñanza parabólica: invita a una escucha activa y transformadora, no meramente a un oído físico que percibe sonidos.

Contexto histórico-cultural y autoría
El Evangelio según Marcos se atribuye tradicionalmente a Juan Marcos, un colaborador de Pedro y Pablo, y la mayoría de estudiosos lo sitúan entre los años 60–75 d. C., probablemente dirigido a comunidades cristianas de origen gentil en el mundo romano. Marcos escribe en griego koiné y conserva rasgos arameos en la narración por su cercanía oral a las tradiciones de Pedro. El texto griego de la frase es ὁ ἔχων ὦτα ἀκουέτω, literalmente «el que tiene oídos, que oiga». En las tradiciones semíticas la palabra «oír» (hebreo/araméo שמע, shema) con frecuencia conlleva la idea de obedecer o responder; así, el mandato de oír no es sólo sensorial sino moral y existencial. Este tipo de exhortación se encuentra también en otros evangelios sinópticos y tiene resonancias con la dinámica profética del Antiguo Testamento (por ejemplo, la tensión entre oír y entender en Isaías), donde Dios llama a un pueblo que a veces escucha sin cambiar el corazón.

Personajes y lugares
- Jesús: el hablante, que enseña mediante parábolas y exhortaciones directas.
- Oyentes: la multitud y los discípulos presentes en la orilla; Marcos sitúa la escena junto al Mar de Galilea cuando introduce la parábola del sembrador, lo que ayuda a imaginar el contexto público y acústico de la enseñanza.

Explicación y significado del texto
La fórmula es un llamado a la receptividad responsable. Lingüísticamente, el verbo griego ἀκούω (oír) y la raíz semítica שמע abarcan tanto la percepción auditiva como la obediencia intelectual y moral. En el contexto inmediato de la parábola del sembrador, Jesús no sólo describe distintos destinos de la palabra, sino que distingue entre escuchar superficialmente y recibir la palabra que da fruto. La exhortación "que oiga" funciona como una invitación a pasar de la curiosidad a la transformación: comprender la parábola implica permitir que su verdad haga una diferencia en la vida.

También hay un aspecto didáctico y pastoral: Jesús utiliza parábolas para revelar y, a la vez, exigir una respuesta. Para quienes «tienen oídos», las parábolas son claves que despiertan la conciencia; para los inertes, las mismas palabras permanecen cerradas. Por eso la frase apunta tanto a la atención interior como a la respuesta práctica: oír que conduce a fe, arrepentimiento y fruto. En la tradición cristiana esta sentencia se ha leído como un llamado permanente —no sólo para los oyentes originales— a no contentarse con una recepción pasiva del mensaje evangélico.

Devocional
Jesús nos invita hoy a escuchar con el corazón: que «oír» sea examen, oración y apertura a la acción del Espíritu. Pregúntate en silencio qué parte de la parábola te interpela: ¿hay tierra dura, pedregosa, llena de espinas o buena tierra en mi vida? La verdadera escucha exige humildad para reconocer lo que impide que la palabra dé fruto.

Cultiva prácticas que afiancen la escucha transformadora: lectura orante de la Escritura, silencio en la presencia de Dios y disposición a cambiar conductas. Cuando respondemos con obediencia, la palabra sembrada en nosotros puede crecer y producir fruto abundante para la gloria de Dios y el bien de los demás.