"»Por eso les digo, no se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas? ¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué se preocupan? Observen cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. Pero les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si Dios así viste la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará Él mucho más por ustedes, hombres de poca fe? »Por tanto, no se preocupen, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”. Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas."
Introducción
En Mateo 6:25-34 Jesús instruye a sus oyentes a no dejarse dominar por la preocupación material. Usando imágenes sencillas —las aves del cielo y los lirios del campo— contrasta la fragilidad y dependencia de la creación con el cuidado providente del Padre celestial. El llamado central es confiar en la provisión de Dios y priorizar la búsqueda de su reino y su justicia, porque así las necesidades básicas serán satisfechas y cada día tendrá su propia atención.
Contexto histórico-cultural y autoría
El evangelio de Mateo fue escrito para una audiencia judía en el primer siglo, probablemente por Mateo el apóstol o por una comunidad que transmitía su enseñanza. El pasaje forma parte del Sermón del Monte (Mateo 5–7), un bloque de enseñanza ético-teológica dirigido a discípulos y a quienes escuchaban a Jesús. En el mundo agrario del Mediterráneo oriental, las imágenes de aves, flores y hornos eran familiares: la vida campesina dependía del ciclo natural y de la providencia. La referencia a Salomón evoca la memoria del rey israelita conocido por su gloria y riqueza, usada aquí como contraste para subrayar la superior belleza y cuidado de la creación por parte de Dios.
Personajes y lugares
- Jesús: el maestro que enseña en el Sermón del Monte.
- Oyentes/Discípulos: seguidores a quienes se dirige la instrucción, representativos de creyentes que enfrentan ansiedades diarias.
- Padre celestial: la figura paterna de Dios que provee y cuida.
- Gentiles: término que aquí señala a quienes viven preocupados por lo material, contrastando con la conducta esperada de los discípulos.
- Salomón: rey del antiguo Israel, figura de esplendor y abundancia mencionada como comparación.
- Aves del cielo, lirios del campo y el campo mismo: imágenes de la creación usada para ilustrar la providencia divina.
Explicación y significado del texto
Jesús comienza con un mandato claro: "no se preocupen" por la vida material (v.25). La preocupación (merimna en el griego) denota ansiedad que paraliza. Luego invita a la observación: las aves no siembran ni cosechan y, sin embargo, son alimentadas por el Padre (v.26). La pregunta retórica sobre añadir una hora a la vida (v.27) muestra la incapacidad humana para controlar el tiempo o la vida, y así desmonta la ilusión de que la ansiedad pueda asegurar el futuro.
Las flores del campo y la comparación con Salomón (v.28-30) subrayan que la belleza y la provisión de Dios exceden cualquier esfuerzo humano por asegurar estatus o apariencia. Cuando Jesús llama a sus oyentes "hombres de poca fe" (v.30) no pretende humillar, sino corregir la confianza insuficiente en la fidelidad de Dios. La mención de los "gentiles" (v.32) caracteriza un tipo de vida centrada en la obtención de bienes; Jesús contrasta eso con la vida del discípulo que reconoce a Dios como Padre y proveedor.
El mandato clave aparece en el v.33: "Busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas." "Reino" (basileia) alude al gobierno y la soberanía de Dios; "justicia" (dikaiosune) implica la vida recta conforme a ese reino. Priorizar el reino no elimina la responsabilidad laboral ni la administración sabia; más bien reordena las prioridades: el compromiso con la justicia y la voluntad de Dios antecede a la ansiedad por bienes materiales. Finalmente, el verso 34 corona el pasaje con una llamada a la confianza diaria: no anticipar las cargas del mañana sino atender fielmente las responsabilidades de hoy.
Teológicamente, el pasaje enseña la providencia de Dios, la paternidad divina y la ética del discipulado: la confianza en la provisión divina debe manifestarse en una vida orientada al reino. No es un llamado a la pasividad o a la falta de previsión, sino a liberarse de la angustia que impide la fidelidad y la generosidad. La promesa de que "les serán añadidas" las cosas necesarias debe entenderse en el marco de la provisión soberana de Dios, que puede suplir necesidades en formas que a veces trascienden nuestras expectativas.
Devocional
La invitación de Jesús a no preocuparse nos llama a confiar en un Padre que conoce y cuida nuestras necesidades. Practicar esa confianza empieza por pequeñas disciplinas: orar con sinceridad por las preocupaciones diarias, recordar las promesas de la Escritura, y nutrir la comunión con hermanos y hermanas en la fe que nos sostienen. Cuando el corazón realmente cree que Dios provee, la vida se libera de la ansiedad acumulada y se vuelve más generosa y tranquila.
Buscar primero el reino y su justicia implica actuar: vivir con integridad, buscar la justicia en nuestras relaciones y usar los bienes con sabiduría para el bien común. Hoy puede ser un día para soltar una preocupación concreta —en oración y en acción— y confiar que cada jornada tendrá lo que necesita. Que la paz de Dios sostenga tu corazón mientras aprendes, paso a paso, a descansar en su providencia.